Fundamentos
Escuchá, que esto es más antigüo que tu sangre. Antes de que los árboles aprendieran a estar de pie, ya estábamos nosotros tejiendo por debajo. No tenemos raíz, ni patria, ni dueño. La espora viaja con el viento y echa medicina donde cae. Por eso el hongo no pregunta de qué especie sos: cura al hombre y a al animal con la misma mano, porque para él todos los que respiran son del mismo bosque. Mirá el suelo que pisás. Esa red que no ves —el micelio— es el primer remedio del mundo. Une el roble con el helecho, lleva el alimento del árbol enfermo al sano, escucha lo que muere y lo devuelve hecho vida. El hongo no le teme al final: come de la muerte y la vuelve principio. No viene a forzarte. No es espada. Viene a recordarle a tu cuerpo el orden que ya tenía y olvidó. Aquieta lo que arde de más, despierta lo que duerme de más, sostiene al que está cansado de andar. Hace lo mismo en vos que en tu caballo, en tu perro, en el animal más chico que tengas a cargo: porque la vida es una sola, y la medicina no entiende de fronteras. Tomá la gota. No te doy un milagro. Te devuelvo el bosque.





